¿Qué es ACA?

Hijos adultos de alcohólicos y familias disfuncionales (ACA), es un programa internacional de recuperación de 12 pasos para personas que crecieron en hogares alcohólicos o disfuncionales. ACA se basa en la creencia de que la enfermedad del alcoholismo y la disfunción familiar nos afecto de niños y continúan afectándonos como adultos.

Lea “El problema” a continuación y vea si esto lo describe.

El Problema

Muchos de nosotros descubrimos que teníamos varias características en común como resultado de habernos criado en un hogar alcohólico o disfuncional.

Habíamos llegado a sentirnos aislados e incómodos con otras personas, especialmente con figuras de autoridad. Para protegernos, nos convertimos en personas complacientes, aunque perdiéramos nuestra identidad en este proceso. También hemos confundido cualquier crítica personal como una amenaza. Nos hemos convertidos en alcohólicos (o practicamos otro comportamiento adictivo) nosotros mismos o nos casamos con ellos, o los dos. Si eso falla, encontramos otra personalidad compulsiva, como un trabajador compulsivo, para satisfacer nuestra necesidad enfermiza de abandono.

Vivimos la vida desde la perspectiva de víctima. Al tener un sentido excesivo de responsabilidad preferimos preocuparnos por otros que por nosotros mismos. Sentimos sentimientos de culpabilidad cuando defendemos nuestros derechos en vez de ceder ante otros. Entonces, nos convertimos en reactores en vez de actores dejando que otros tomen la iniciativa. Nosotros hemos sido personalidades dependientes, aterrorizados de el abandono, dispuestos hacer cualquier cosa para aferrarnos a una relación para no ser abandonados emocionalmente. Sin embargo seguimos escogiendo relaciones inseguras porque estás igualan a nuestras relaciones de la niñez con los padres alcohólicos y disfunciónales.

Estos síntomas de la enfermedad familiar del alcoholismo o otra disfunción nos hace “co-víctimas,” aquellos que toman las características de la enfermedad sin necesariamente haber tomado un trago. Aprendimos a reprimir nuestros sentimientos de niños y lo mantenemos enterrados como adultos. Como resultado de haber sido acondicionado a esto, confundimos el amor con la lástima, tendiendo a amar aquellos que podemos rescatar. Aun más contraproducente, nos hemos convertidos a adictos a las emociones intensas en todos nuestros asuntos y prefiriendo el malestar constante a las soluciones viables.

Esto es una descripción, no una acusación.

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